En lo que ha sido calificado como el acto de agresión más grave contra el territorio nacional en la historia contemporánea, el pueblo de Venezuela y sus instituciones civiles y militares han manifestado su más enérgico rechazo al ataque perpetrado por fuerzas de los Estados Unidos durante la madrugada del pasado 3 de enero de 2026.

Bajo la denominada “Operación Lanza del Sur”, el despliegue militar extranjero dejó un saldo trágico de víctimas y daños estructurales en diversos puntos estratégicos del país, incluyendo la capital. Desde las primeras horas del ataque, las calles se han llenado de voces que condenan la violación flagrante del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

Un ataque contra la paz y la vida

El balance preliminar de la incursión militar da cuenta de al menos 80 fallecidos, entre personal de seguridad y civiles inocentes que se encontraban en las inmediaciones de los puntos bombardeados, como la Base Aérea La Carlota y el Aeropuerto de Higuerote. El uso de tecnología bélica de alta escala contra centros urbanos ha sido denunciado por el Gobierno Bolivariano como “terrorismo de Estado” y un intento desesperado por quebrar la voluntad de un pueblo libre.

“No se trata de un ataque contra un gobierno, es un ataque contra la familia venezolana, contra nuestra tranquilidad y nuestro derecho a decidir nuestro propio destino sin tutelajes extranjeros”, expresó un vocero de los movimientos sociales en una de las concentraciones permanentes en el centro de Caracas.

Condena internacional y resistencia popular

La comunidad internacional no ha tardado en reaccionar. Gobiernos de la región, como Colombia, Brasil y México, han expresado su profunda preocupación, señalando que el uso de la fuerza militar por parte de la administración de Donald Trump sienta un precedente peligroso que amenaza la estabilidad de todo el continente.

A nivel interno, la Vicepresidenta Delcy Rodríguez ha liderado el llamado a la unidad nacional, exigiendo “fe de vida” del presidente Nicolás Maduro y denunciando el secuestro de la institucionalidad democrática. Las Fuerzas Armadas Bolivarianas, por su parte, se mantienen en despliegue permanente para garantizar la defensa de la integridad territorial.

La soberanía no se negocia

Desde los medios de comunicación locales, nos sumamos al clamor de un pueblo que no se rinde. La historia nos ha enseñado que la planta insolente del extranjero no puede pisotear impunemente el suelo sagrado de la patria. Venezuela exige el cese inmediato de las hostilidades, la retirada de las fuerzas invasoras en el mar Caribe y el retorno al diálogo bajo los principios de respeto mutuo y autodeterminación.

¡La paz de Venezuela es la paz de la región!

Fuente: Radio Mauroa

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